Diciembre 16 del 2013 – Homilía del Rev. Diácono Paul J. Leonarczyk en la Iglesia Católica Griego-Melquita Nuestra Señora de los Cedros, en Manchester, NH

HOMILIA: Icono de Nuestra Señora de Czestochowa, 16 de diciembre del 2013

¡Oh, Santísima Theotokos, sálvanos!

San Basilio el Grande enseñaba que el honor y la veneración que le ofrecemos a un icono pasa a su prototipo. En otras palabras, cuando nos encontramos frente a un icono para orar, realmente estamos frente al que representa el icono. Cuando besamos un icono, besamos a quien representa; si hacemos una reverencia ante un icono, la hacemos ante quien la representa. El Metropolitano Serafín nos instruyó que cuando nos encontramos frente a un icono del Redentor o de la Madre de Dios, debemos pararnos como si realmente estuviéranos frente al Señor Jesús o ante la Theotokos, porque hay una gran diferencia si estamos parados frente a Nuestra Señor o ante Nuestra Señora en su misma presencia, que si la recordamos en nuestra imaginación. No miramos a un icono como miramos una obra de arte, por más bella que esta sea; por decirlo de algún modo, el icono nos mira directamente, entramos en su mirada, porque un icono es “un canal de la Divina Gracia”. El icono es el lugar donde Nuestro Señor y su Madre, los ángeles y los santos se presentan ante nosotros.

Somos bendecidos hoy en día porque hemos recibido la visita en nuestra iglesia de Nuestra Señora de Czestochowa, y estamos frente a ella para elevar nuestras plegarias por la protección de la vida de los no nacidos y de sus familias. Aunque empañado por la bruma de la historia, como muchas de las antiguas imagines, la tradición cristiana y los rastros de piedad nos dicen que el icono original se remonta a San Lucas Evangelista, quien se dice que utilizó la tabla de madera del comedor de la casa de Nuestra Señora para pintar el icono, mientras ella le contaba todo lo relacionado a la concepción de Jesús, su nacimiento y su niñez, como lo conocemos en su Evangelio. Pareciera que este Icono de la Virgen Negra, oscurecida por el humo y el hollín de tantos siglos, fue luego descubierto por Santa Elena en Jerusalem en el siglo IV y llevado a Constantinopla con las reliquias de la Verdadera Cruz, donde fue consagrado por su hijo, Constantino, en la Iglesia de la Theotokos por muchos siglos. En algún momento, fue llevado a Belz, en Ucrania, donde fue venerada por algunos siglos, y luego, en el año 1382 fue llevado a Czestochowa en Polonia donde ha sido consagrada desde entonces en el Monasterio de Jasna Gora, o la Brillante o Radiante Montaña. Es así que el Icono de la Virgen Negra se ha convertido en un símbolo de unidad entre los ortodoxos y los católicos ya que ambos la veneran y oran ante ella. Y hoy en día ella une a los ortodoxos y a los católicos para ser testigos de la santidad de la vida, ya que ella es, como decimos en la Dormición “la Madre de la Vida” quien ha dado a luz a la Vida misma. Su representación en un icono de estilo típicamente bizantino es conocido como “la que enseña el camino”, ya que la Theotokos apunta con su dedo a Cristo quien es el Camino, la Verdad y la Vida.

No es de extrañarse que nuestra Madre de la Vida, y este icono en particular, ha estado involucrado a través de la historia en la lucha por la vida y de sus fieles. Así es, este es uno de los pocos iconos donde la Theotokos muestra señales de violencia en su rostro por el odio infligido por los proveedores de la muerte. Las señas del rostro, son el resultado de un ataque hecho con las espada de los Husitas  y las flechas de los Tártaros, mostrando así que ella no está ajena al sufrimiento de su pueblo. Pero como la Iglesia de su Hijo, que a través de los años ha estado y se mantiene en diferentes luchas, Ella se mantiene radiante y bella.

Incontables Milagros y curaciones se han atribuído a su intercesión, siempre ha sido la protectora de los que han estado bajo el asalto. La Virgen Negra realmente ha sido “la protectora de los cristianos que nunca falla y la siempre presente intercesora ante el Creador”. El Himno Akathist que cantamos hoy al medio día y a las 15h00 está asociada fuertemente con la protección del icono de la Theotokos a Constantinopla durante algunos asaltos a la Ciudad Santa por las hordas bárbaras y los musulmanos sarracenos en el siglo VII y VIII. En la primera batalla, el Patriarca Sergius y sus clérigos rodearon las murallas de la ciudad con el Icono de la Theotokos, que seguramente habrá sido este icono de Czestochowa que Santa Elena llevó a Cosntantinopla siglos antes. Cuando parecía que iban a perder la batalla, una terrible tempestad destruyó las flotas enemigas y todo el pueblo corrió hasta la Iglesia de la Theotokos donde rezaron el Akathist durante toda la noche -akathistos- significa mantenerse en pie. En la segunda batalla, la misma Theotokos se apareció acompañada de ángeles sobre la muralla de la ciudad y la flota sarracena fue encaminada en la Víspera de la Anunciación. Evidentemente en esta occasion se compuso el Himno “Nosotros tus sirvientes”.

De igual manera, en el siglo XVII, fue gracias a las oraciones a Nuestra Señora de Czestochowa que un pequeño grupo de monjes, liderados por el prior y unos pocos voluntaries, terminaron el asedio de un mes en el Monasterio de Jasna Gora durante la invasión Suiza a Polonia, conocida como Deluge, y salvaron el precioso Icono. En la mitad de la terrible batalla, el prior realizó una procesión con el Icono en alto por las murallas del monasterio. Las hazañas de esta batalla, muy apreciadas por todos los polacos, son descritas en la querida triología de Henryk Sienkiewicz, A fuego y espada, (él es también el autor de la conocida novela Quo Vadis).

Adicionalmente, el 12 de septiembre de 1683, el Rey Jan Sobieski de Polonia, a pedido del Papa Inocencio XI, llegó al rescate de Viena, que había sido tomada por los Turcos Musulmanes por espacio de algunos meses. En su camino a Viena para unirse a la batalla, Pan Jan llevó a todo su ejército en peregrinación a Czestochowa y encomendó su misión a la Virgen Negra, rezando ante el Icono. Él y su ejército fueron a misa y recibieron la Santa Comunión antes de ir a la batalla. La caballeriza polaca llegó con una bandera de Nuestra Señora y el Rey Jan lideraba en frente de las tropas llevando una armadura con el pecho pintado con el Icono. Luego de algunas horas, en contra de todo pronóstico, ganaron la batalla a los Turcos en las Puertas de Viena y es conocido porque salvó a Europa y a la civilización occidental de la opresión sarracena. El rey envió una misiva al Papa Inocencio XI con este mensaje: “¡Veni, Vidi, Deus vicit!” (¡Llegué, ví, pero Dios conquistó!) parafraseando a Julio César. En acción de gracias por esta victoria, el Papa estableció el 12 de septiembre en la Iglesia Latina, la Festividad del Santo Nombre de María, porque se dice que los Turcos gritaron, Allah, mientras iban a la guerra, en tanto que el ejército de Pan Jan gritaba: María, María, invocando a Nuestra Señora de Czestochowa.

Mis hermanos y hermanas, hoy en día nos enfrentamos a otra batalla, no menos fuerte ni agresiva que las batallas del pasado, y Nuestra Señora se mantiene como la “siempre protectora”. La cultura de la muerte continúa su ataque a la vida en todas sus formas y continúa atacando a la Iglesia de Cristo. A penas la semana pasada la ACLU interposo una demanda en la corte federal en contra de los Obispos Católicos de Estados Unidos, alegando que los Hospitales Católicos se niegan a tratar a las embarazadas por sus creencias católicas en contra del aborto. El trabajo de la cultura de la muerte es realmente impresionante, desde 1973, solo en Estados Unidos, casi 57 millones de inocentes han sido sacrificados en el vientre materno por el aborto, y se estima que cerca de 1 billón de abortos se han practicado en todo el mundo desde 1980. Las fuerzas de la muerte también atacan a la familia desde cualquier punto, ya que la familia es la fuente de la vida. Se han burlado de la familia como Dios la estableció y quieren pervertir el verdadero significado y propósito de la familia. Mientras tanto ellos tratan de silenciar a todos los que no piensan como ellos mediante su diabólica agenda de la muerte.

Pero la batalla, así de terrible como es, no es una batalla entre republicanos y democratas, a pesar de que ciertamente tiene implicaciones políticas; tampoco es una batalla entre buenas y malas personas, ya que muchos de los que matan son ellos mismos víctimas de la cultura de la muerte. Al contrario, es una batalla acertadamente descrita por San Pablo en la Epístola a los Efesios: “De hecho, nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra los principados y las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra huestes espirituales de maldad en las alturas”

Y así, de igual manera como el Icono de Czestochowa era llevado en procesión durante las batallas en Constantinopla y en Jasna Gora, hoy en día es llevada por los fieles en oración en frente de las clínicas abortivas y a través de las calles de la ciudad alrededor del mundo, ya que ella es la “Madre de la Vida”. De igual forma es una batalla que debemos luchar, no solo en público por aquellos que hacen política, en frente de las clínicas abortivas y en tantos lugares públicos para demostrar la Santa Verdad de Dios, pero también debe ser luchada en las familias de cada cristiano y ante cada icono de las familias cristianas. Ya que es a través de la oración y el ayuno que algunos demonios son vencidos.

Sabemos que el enemigo con el que luchamos ya está derrotado y es impotente porque ha sido vencido por el Señor de la Vida que conquistó la muerte con Su muerte. San Simeón nos dice que el enemigo de nuetsras almas (el enemigo de la vida), Satanás, no posee ningún poder por él mismo; solo tiene el poder que el Señor lo permite. Cúal es su poder? Es el poder que el mismo hombre le ha otorgado.

Es así que esta noche, ante la Santísima Theotokos, la Madre de la Vida, pedimos por su santísima protección para los no nacidos y para las familias. Y, mientras ella apunta el camino a Su Hijo, le pedimos que le enseñe a nuestro problemático mundo el camino de la verdad y de la vida. Permítanme concluir con esta oración:

¡Oh, María, Santísima Virgen de Czestochowa! Mira benignamente a tus hijos en este tormentoso y pecaminoso mundo. Acógenos a todos en tu amorosa y maternal protección. Protege a los jóvenes de la maldad; asíste a los adultos mayores y prepáralos en su camino a casa; cuida a los indefensos no nacidos del horror del aborto; y sé nuestra Fortaleza contra el pecado. Libra a tus hijos de todo odio, discriminación y guerra. Llena nuestros corazones, nuestras casas y nuestro mundo con esa paz y ese amor que viene solo de tu Hijo, que tú tan tiernamente abrazas. ¡Oh, Reina y Madre! Sé nuestro confort y Fortaleza, eres bendita por todas las generaciones, y tu nombre es glorioso, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén

¡Oh, Santísima Theotokos, sálvanos!

Rev. Diácono Paul J. Leonarczyk
Canciller
Eparquía de Newton
Iglesia Católica Griego-Melquita