El Icono de Czestochowa acompañó a las hermanas mayores

A las afuera de la ciudad de Quito, en la parroquia de Tumbaco, se encuentra una casa de retiro para las hermanas mayores de la Congregación de la Divina Providencia. El Icono llegó el domingo en la noche y permaneció por tres días.

En la casa de retiro viven 15 hermanas y 2 seglares, la mayoría sobrepasa los 70 años, aunque la mayor de ellas tiene 92 años. El carisma de las hermanas es su misión educativa y apostólica, recordando a su fundador, el beato Juan Martín Moyë que luchó incansablemente por la educación y la inclusión de las niñas.

Para la Hna. Patricia Villacres, madre superiora encargada de la casa, este evento fue una sorpresa de gran alegría, pues no esperaban un Icono de grandes dimensiones. “Habíamos arreglado un espacio para Ella con flores en nuestra pequeña capilla, pero cuando nos dimos cuenta del tamaño, tuvimos que sacar la estatua que tenemos de San José. Fue una emoción muy grande saber que este Icono está viajando por el mundo en defensa de la vida y que llega desde Polonia”, comentó.

Apenas llegó el Icono, se pusieron como objetivo no dejar sola a Nuestra Madre, así que iban rotando cada hora para acompañarla. De manera creativa colocaron un letrero en la puerta principal invitando a los vecinos del lugar que llegaron con curiosidad a conocer el Icono. Diariamente se celebraba la santa misa y se rezaba el santo rosario, pidiendo por la unidad de los cristianos, el respeto a la vida humana y la santidad de la familia.

La Hna. Patricia indica que les impactó mucho los cortes que el Icono presenta en la cara, “las imágenes de la Virgen a las que estamos acostumbradas no son así; nuestra patrona, la Inmaculada Concepción, no tiene un rostro tan triste, así que nos dolió ver este rostro lastimado”, dijo. Este fue un buen momento para reflexionar sobre el abandono y la confianza en Dios.

“El Icono prácticamente cubría toda la capilla, y pensaba en el pueblo de Polonia, que debió haber sufrido mucho durante las guerras. Nos hemos librado de las guerras, pero seguimos atados al pecado. Destruimos la vida, algo tan preciado que nos ha regalado Dios, y no valoramos que somos sus hijos. Los jóvenes se casan sin mucha afectividad y las familias no duran. Pero siempre podemos encontrar alivio en Nuestra Madre Celestial, sea de la advocación que sea, para que Ella nos lleve a los brazos de su Hijo”, expresó la Hna. Patricia.